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| Autor: Armando Calixto Técnica: Dibujo a la creta |
El abrazo
por: Armando Calixto
¿Usted cree que estoy loco
doctor? ¿Que las infinitas noches sin dormir esperando con los ojos abiertos, que se me escape la vida con cada suspiro o
me asalte la muerte, son en vano?
No doctor, desde que sentí el abrazo férreo de la muerte, ¡ya nada es igual para mí! Es como si en ese instante me hubieran abierto los ojos a la realidad y como un condenado a muerte solo espero el día fatídico. ¡Cada instante es un momento hacia ella, no lo podemos evitar! ¡Para qué vivir si hemos de morir! Recuerdo muy bien aquella noche…
No doctor, desde que sentí el abrazo férreo de la muerte, ¡ya nada es igual para mí! Es como si en ese instante me hubieran abierto los ojos a la realidad y como un condenado a muerte solo espero el día fatídico. ¡Cada instante es un momento hacia ella, no lo podemos evitar! ¡Para qué vivir si hemos de morir! Recuerdo muy bien aquella noche…
Sin pensarlo de un solo
golpe lo levanté de su cama y entre mis brazos lo conduje hasta el auto,
mientras veía como se iba poniendo lívido. -¡Con una chingada vámonos! – le
dije a mi hermana.
-¡Pinche carro de mierda, no
arranca! –gimió frustrada golpeando con los puños el volante. Mi madre alcanzó
a abrirme la portezuela mientras lloraba en silencio.
-¡Llamen a una ambulancia! - grite, al tiempo que corría con
mi padre en brazos hacia la avenida; con la esperanza de coger un taxi a esas
horas de la madrugada. Mientras lo hacía fui sintiendo como poco a poco se
hacía más pesado y aferraba sus brazos a mí; con tal fuerza, que caí al piso
sofocado. Sentí un calor que dio paso, a un frío extremo que venía desde lo más
profundo de mí, en mi piel sentí el recorrer numeroso de una multitud de
hormigas y por un instante perdí la conciencia, por más esfuerzos que hacía el
abrazo de mi padre no me permitía respirar. Luego nada, solo se me fue
escurriendo entre los brazos con la flacidez de quien aprisiona al agua.
Cuando llegó la ambulancia,
estaba sentado sobre la acera de la calle
a unos metros de mi casa, mi padre había muerto minutos antes. Mi madre
sollozaba desde la entrada de la casa, casi en silencio. Con mi padre en brazos, aún podía sentir la
presión sobre mi cuerpo de aquél apretón sobrehumano. Los paramédicos se
concentraron en mí, apenas podía respirar por el dolor intenso en mi costado
izquierdo. –Creo que tiene una costilla fracturada señor- me dijo el socorrista-;
al parecer provocado por la presión de los brazos de mi padre en mi tórax. Era como si él con su último
aliento hubiera querido aferrarse a mi vida, o la muerte de paso nos quería
arrancar a los dos.
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| Autor: Armando Calixto Técnica: Óleo sobre tela |


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